De vez en cuando hay un demandante que es casi un santo por lo maravilloso que es. Recuerdo a una abuela encantadora. Todos nos enamoramos de ella. Cuando arrugaba su carita y hablaba de su tristeza, los miembros del jurado no eran los únicos que lloraban. Mary Anne era perfecta.
Con alguna que otra santa excepción, los demandantes son seres humanos como el resto de nosotros. Los jurados no esperan que nuestros clientes sean perfectos. Cuando tratamos de demostrar que lo son, los exponemos al fracaso.
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